Las fotografías oficiales de Nicolás II suelen mostrarlo con uniforme militar, condecoraciones y una expresión seria. Sin embargo, algunas imágenes familiares esconden un detalle inesperado: bajo la manga derecha, el último zar de Rusia llevaba un gran dragón tatuado.
No se trataba de una marca falsa ni de un añadido moderno de memes de tatuajes. Nicolás se hizo el tatuaje en Japón en 1891, cuando todavía era el heredero del Imperio ruso. Pasó siete horas soportando las agujas de un maestro japonés y dejó constancia de la experiencia en su diario.
Lo más curioso es que aquel dragón no fue el único recuerdo permanente que se llevó de Japón. Pocos días después, un policía japonés intentó asesinarlo con un sable.
Nicolás II antes de convertirse en zar de Rusia
Nicolás Aleksándrovich Románov nació en 1868 y era el hijo mayor del zar Alejandro III. Como heredero al trono, recibió una educación destinada a prepararlo para gobernar uno de los imperios más grandes del mundo.
En 1890 comenzó un largo viaje por Oriente. El recorrido duró aproximadamente nueve meses y lo llevó por lugares como Egipto, India, Ceilán —actual Sri Lanka—, Singapur, Java, Siam —actual Tailandia—, China y Japón. Tenía 22 años y estaba a pocas semanas de cumplir 23 cuando llegó a Nagasaki.
El viaje tenía una finalidad educativa y diplomática. Nicolás debía conocer otros gobiernos, establecer relaciones y observar territorios que podían tener una importancia estratégica para Rusia. Pero también fue una aventura personal para un joven que, por primera vez, se encontraba lejos de la rígida vida de la corte.
Entre recepciones oficiales, ceremonias y visitas a templos, comenzó a interesarse por las artes tradicionales japonesas. Una de ellas despertó especialmente su curiosidad: el tatuaje.
La noche en que Nicolás II se tatuó en Nagasaki
Durante una cena en Nagasaki, Nicolás preguntó por los mejores tatuadores de la ciudad. Su petición sorprendió a los anfitriones, pero fue atendida. Al día siguiente, dos maestros locales fueron llevados hasta el Pamiat Azova, el crucero de la Armada Imperial rusa en el que viajaba el príncipe.
La sesión comenzó alrededor de las nueve de la noche y terminó a las cuatro de la madrugada. Fueron siete horas de trabajo para dibujar un dragón sobre el antebrazo derecho del futuro zar.
Nicolás registró el episodio en su diario el 16 de abril de 1891, según el calendario juliano que utilizaba Rusia. Esa fecha corresponde al 28 de abril en el calendario gregoriano. Escribió que había decidido hacerse un dragón después de cenar, que la experiencia había sido suficiente para quitarle las ganas de repetirla y que, a pesar de todo, la mano no le dolía. También quedó satisfecho con el resultado.
No fue, por tanto, una leyenda creada muchos años después. La anotación personal y las fotografías conservadas confirman que el tatuaje de Nicolás II existió realmente.
¿Cómo era el dragón tatuado de Nicolás II?
Las descripciones históricas hablan de un dragón de cuerpo oscuro, con cuernos amarillos, patas verdes y vientre rojo. El diseño recorría buena parte del antebrazo derecho y se elevaba en dirección al codo.
Su aspecto estaba relacionado con el tatuaje tradicional japonés, conocido como horimono. Estos trabajos se adaptaban a la forma del cuerpo y estaban muy influenciados por los grabados japoneses. Los dragones, tigres, peces, flores y héroes legendarios se encontraban entre sus motivos más reconocibles.
En las fotografías en blanco y negro que han sobrevivido, los colores no pueden distinguirse y el dibujo aparece bastante desvanecido. Por eso, las recreaciones actuales deben entenderse como aproximaciones. No existe una fotografía en color tomada en vida del zar que permita reconstruir cada línea y cada pigmento con total exactitud.
¿Quién fue el autor del tatuaje?
La identidad del tatuador no está completamente aclarada. Numerosas publicaciones atribuyen la obra al célebre Hori Chiyo, conocido por trabajar para viajeros y miembros de la nobleza europea. Sin embargo, otras investigaciones sobre la estancia de Nicolás en Nagasaki mencionan a dos maestros llamados Nomura Kozaburo y Matasaburo, cuyo apellido no se ha conservado.
Como el propio Nicolás no escribió el nombre del artista en su diario, lo más prudente es hablar de un destacado maestro de Nagasaki sin presentar una atribución concreta como definitiva.
¿Por qué el futuro zar eligió un dragón?
Nicolás nunca explicó con claridad por qué eligió ese animal. Una posibilidad es que simplemente buscara un recuerdo llamativo de Japón. En aquella época, algunos viajeros europeos veían los tatuajes japoneses como verdaderas obras de arte que podían llevarse para siempre sobre la piel.
También se ha señalado que Nicolás nació en 1868, año del Dragón según el calendario chino. El animal podía representar fuerza, autoridad, protección y sabiduría, cualidades apropiadas para alguien destinado a convertirse en emperador. Sin embargo, esta interpretación es solo una teoría.
Otra posible influencia fue su primo, el príncipe Jorge de Gales, futuro rey Jorge V del Reino Unido. Este había visitado Japón en 1881 y se había hecho tatuar un dragón y un tigre. Durante las últimas décadas del siglo XIX, los tatuajes orientales se pusieron de moda entre algunos marineros, aristócratas y miembros de familias reales europeas.
Aquí suele producirse una confusión. El futuro Jorge V no fue el primo que acompañó a Nicolás durante su viaje de 1891. Su compañero era otro familiar: el príncipe Jorge de Grecia y Dinamarca, quien también habría sido tatuado durante la visita de los maestros al barco.
Un tatuaje realizado cuando estaban prohibidos en Japón
La decisión de Nicolás resulta todavía más llamativa al conocer la situación del tatuaje en el Japón de la era Meiji. En 1872, el Gobierno había restringido esta práctica porque temía que los visitantes extranjeros la consideraran una costumbre poco civilizada.
Los maestros continuaron trabajando de forma discreta. Muchos ocultaban su actividad bajo la apariencia de otros negocios y atendían a marineros o viajeros extranjeros cerca de los puertos. Mientras una parte de la sociedad japonesa escondía los tatuajes, algunos europeos los buscaban como un recuerdo exótico y exclusivo.
Tampoco es correcto afirmar que cualquier persona tatuada pertenecía a la yakuza. El tatuaje japonés estuvo relacionado con diferentes grupos populares, entre ellos bomberos, mensajeros y artesanos. Su asociación casi automática con el crimen organizado se hizo mucho más fuerte durante el siglo XX.
¿La religión ortodoxa permitía el tatuaje del zar?
La Iglesia ortodoxa no contaba con un canon específico que prohibiera de manera absoluta cualquier tatuaje. No obstante, su actitud tradicional era y continúa siendo generalmente negativa.
Para rechazar esta práctica se suelen utilizar pasajes del Antiguo Testamento que hablan de no realizar cortes o marcas sobre el cuerpo. También se interpreta el cuerpo humano como un regalo de Dios que no debería alterarse sin necesidad. Por eso, algunos creyentes consideran los tatuajes una profanación o una costumbre relacionada con antiguas prácticas paganas.
No se conservan pruebas sólidas de que Nicolás recibiera un castigo religioso por su dragón. El lugar elegido, además, era fácil de cubrir. Durante los actos oficiales utilizaba uniformes y camisas de manga larga, por lo que la mayoría de sus súbditos nunca tuvo la oportunidad de verlo.
Décadas después de su muerte, en el año 2000, Nicolás II y su familia fueron canonizados por la Iglesia ortodoxa rusa como portadores de la pasión, una categoría relacionada con la forma paciente en la que afrontaron su cautiverio y su muerte.
El segundo recuerdo que Nicolás se llevó de Japón
Apenas unos días después de tatuarse, Nicolás sufrió un intento de asesinato en la ciudad de Ōtsu. El 11 de mayo de 1891, un policía de su escolta llamado Tsuda Sanzō lo atacó con un sable.
El heredero recibió heridas en la cabeza, pero consiguió sobrevivir. El incidente provocó una grave crisis diplomática y obligó a interrumpir parte de la visita. En el lugar del ataque existe actualmente un monumento que recuerda el episodio.
Nicolás salió de Japón con dos marcas muy distintas: un dragón elegido voluntariamente en su brazo y una cicatriz causada por un hombre que había intentado matarlo.
La relación con Japón tomaría un giro todavía más dramático durante su reinado. Entre 1904 y 1905, Rusia y Japón se enfrentaron en una guerra que terminó con una humillante derrota rusa. Aquel país que Nicolás había recorrido con curiosidad durante su juventud terminó convirtiéndose en uno de los grandes adversarios de su imperio.
Del príncipe tatuado al último zar de Rusia
Nicolás subió al trono en 1894, después de la muerte de Alejandro III. Su reinado estuvo marcado por el crecimiento industrial, pero también por la pobreza, las protestas obreras, la represión política y una profunda resistencia del monarca a limitar su poder.
La derrota ante Japón y la matanza del Domingo Sangriento aceleraron la Revolución de 1905. Nicolás aceptó la creación de una Duma o parlamento, aunque continuó defendiendo la autoridad absoluta de la corona.
La entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial agravó los problemas. Las derrotas militares, la escasez de alimentos y el descontento social debilitaron definitivamente al régimen. En marzo de 1917, Nicolás abdicó y puso fin a más de tres siglos de gobierno de la dinastía Románov.
El antiguo zar y su familia fueron detenidos. En la madrugada del 17 de julio de 1918, Nicolás, su esposa Alejandra, sus cinco hijos y varios sirvientes fueron ejecutados por los bolcheviques en Ekaterimburgo.
El imperio desapareció, pero el dragón que el joven príncipe había elegido en Nagasaki permaneció sobre su piel hasta el final.
La verdad sobre la fotografía del tatuaje
La fotografía más difundida muestra a Nicolás vestido de blanco, sosteniendo una raqueta y con la manga derecha arremangada. El dragón puede verse débilmente sobre el antebrazo.
Algunas publicaciones sitúan la imagen en 1912, pero el ejemplar conservado en un álbum de la familia Románov está catalogado de manera más amplia como una fotografía de comienzos de la década de 1910. Por tanto, 1912 es una fecha posible, aunque no debería presentarse como completamente confirmada.
La versión que circula actualmente ha sido coloreada. La diferencia de tono entre el antebrazo, las manos y el rostro sugiere que Nicolás solía llevar los brazos cubiertos, algo lógico por la vestimenta y las normas sociales de su época. Sin embargo, al tratarse de una colorización moderna, el tono de la piel no debe utilizarse como una prueba definitiva.
La pequeña imagen en la que aparece un dragón nítido y lleno de color tampoco pertenece al cuerpo de Nicolás II. Es una copia moderna añadida para mostrar cómo podría haber sido el diseño original.
El tatuaje no cambia la valoración histórica de su reinado, pero sí permite observar al último zar desde un ángulo inesperado. Detrás de los uniformes, los rituales de palacio y la rígida imagen imperial había un joven curioso que, una noche en Nagasaki, decidió guardar el recuerdo de Japón sobre su propia piel.





















